time…

 

 

 

 

Es cierto, estaba un poco herida: era el orgullo, lo confieso, un poco de mi amor propio y claro, mi capacidad para amar a alguien más, destrozada. Así que esa mañana tomé el autobús tal como otros días, y la ciudad a través de la ventana se veía tan clara, el aire era fresco y el sol comenzaba a tener intensidad. Escuchaba música mientras me aferraba a mi mochila, mirando mis tennis preferidos, viejos y cómodos. El aroma del perfume del día anterior aún escapaba por mi escote, mi cabello, torturado por la liga, permanecía inmóvil sobre mi nuca. Y saludé al gato moteado que siempre estaba aguardando en la entrada de una casa vieja, escuché a los pájaros en los árboles y el rumor suave de la vida. Tan pronto llegué me instalé en un cubículo y cambié mi ropa por el traje de baño. El agua tenía la temperatura perfecta y el ejercicio me hizo mucho bien, todo lo contrario a tu presencia la última vez. Así que los vestidores quedaron vacíos, el alboroto en las regaderas calló. Me quité la toalla, bueno, era difícil de escapar así que mi desnudez y yo nos metimos de nuevo bajo el agua tibia, al momento que lavaba mi cabello se esparcía el aroma floral. Al enjabonar mi cuerpo recordé las viejas noches de hace tanto, los días ácidos [painful nights]. Sobre el abdomen la daga, tatuada con el ardor de las heridas profundas, parecía encontrar alivio en el agua que se precipitaba con rapidez al suelo. Recargué las manos sobre la pared y dejé que el agua se llevara el jabón de mi espalda y sentí las manos frías rodear mi cintura. Volteé y pronto tu cabello también se pegaba a tu cabeza, los besos sabían a miradas que huían, a roces fugaces ignorados y subestimados, sabían a metal de piercing, al cloro de la alberca. Comenzaba a ser como un sueño extraño, tus manos y mis manos conociendo cuerpos ajenos, olvidándose de las palabras que nunca habían sido pronunciadas, queriendo reclamar momentos que nunca se habían vivido juntos, sintiendo una necesidad que en verdad no era real. Tal vez era mi catársis, un encuentro fugaz que no miraba a la cara y que no reconocía. Comenzaba a ser un cuadro surrealista, las palabras murmuradas sin sentido que se apilaban en una cinta mental destinada al reciclaje, lanzada concientemente al rincón de la cobardía en su máxima expresión. El agua había dejado de correr [y no habíamos dejado nuestros ideales de no desperdiciar H2O]. Las pestañas rizadas que se movían lentamente, los ojos castaños, los labios rosados y delgados, cejas aterciopeladas, un mentón fino; todo, era un cúmulo de belleza femenina [¿eso existe?] y era como una explosión de simbolos sobre el espacio vacío. Te escondías entre mi cuello y mi hombro, y me sacudía la sensación de tu respiración sobre mi piel, nuestros corazones se sincronizaban en crescendo, el automático se había quedado ayer a un paso de tí…

 

 

_sophie_ [canción: sour times, de nuevo]

 

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