Qué es un muerto.

Caminaba por un campo frío y tenebroso. Allá a lo lejos, donde el pueblo estaba seguro, se veían apenas las luces de las celebraciones, los cantos hacía varios metros que habían callado. Árboles semidesnudos se alzaban terroríficos, con sus brazos torcidos evocando figuras fantasmales, atosigando mi mente ya bien alerta y algo transtornada.
Los había escuchado la noche anterior… susurrando suavemente a mi oído, diciéndome de todos esos sueños, esas cosas que parecían imposibles, pero que en cierto modo, y en cierto lugar, existían. Y en mi mente se conjuraban, como vislumbrar una luz al final del camino, pero aún bastante lejana para tomarse como una opción, tan sólo permanecía ahí, más como una idea, capaz de moverme por dentro, pero incapaz de convertirse en mi realidad.
Y entonces caminaba, frío el rostro y las manos, casi temblando a causa de las heladas ráfagas que la temporada acarreaba consigo. Mis pasos vacilantes sobre la hojarasca se unía al rumor de los insectos nocturnos… Mis pasos me habían llevado ahí, el lugar justo como lo recordaba en mi infancia más inocente. Y en mis recuerdos de aquellas veladas nocturnas, rodeada de seres que ahora soy incapaz de describir, que me es imposible evocar sin sentir la vergüenza mordiéndome puesto que al entonces tratar de expresarme, la gente sólo reía y me creía bastante torpe con una gran imaginación; te veo. Te siento.
Una presencia, la exaltación, te percibo a través de todos mis sentidos. Me detengo, entre mis piernas siento como escurre la sangre espesa, oscura, caliente, no puedo evitarlo y no puedo evitar sentir esto que me eriza la piel, que me hace detener la respiración, atenta. Tomas mi mano, eres el demonio de mis sueños y el ángel de mis pesadillas. Me abrazas por detrás, tu aliento tibio sobre mi nuca, tus manos en mi cintura, tienes algo de poesía. No quiero volver a esto, pero es algo que no puedo dejar de sentir, de vivir. Trato de negar quien soy para ser un poco más como deseas que sea, pero no puedo. Simplemente una parte firme de mí se niega a dejar de ser.
El perfume de tus cabellos oscuros, el contacto de tu cuerpo contra el mío, ¡no puedo! Cómo regresaste de nuevo a mí, así. ¿Tú me trajiste aquí? ¿Fue tu deseo, ó el mío encubierto a fuerza de distraerlo?
La noche se acentuaba… Podía sentirte recorrer cada centímetro de mi piel aunque tus manos seguían sobre mi cintura, podía sentir cómo tu mente trataba de penetrar a mis pensamientos, violar mi conciencia y traspasar hacia mis ideas en bruto. Volteé, frente a tí, con tu rostro reflejado en mis pupilas, me pregunté porqué tú no habías cambiado, permanecías justo como entonces, con un aire adolescente ardiendo en tu imagen, con una sonrisa llena de malicia jugando en tus labios, con ojos chispeantes mirando directamente, desafiante.
Algo no encajaba en el cuadro, y ese algo indudablemente era yo. Vacilante, desvié la mirada a mi alrededor. Todo estaba tal y como podía recordar, tan sólo era yo, de mayor estatura, en general de apariencia diferente. Era como tratar de hacer pasar una moneda de 2 pesos por una ranura para una moneda de 10 centavos.
En mi interior sentí como algo se rompía, me sentía de pronto tan ajena, tan fuera de lugar… Pero te deseaba, como un niño que desea la seguridad del hogar cuando se encuentra en un lugar desconocido. Te abrazé, no quería dejarte ir, y me decías que me quedara, pero veía la duda en tus ojos también ¡sabías entonces que algo en mí ya era totalmente diferente! Me sentí perdida entonces, perdida en tu abrazo cálido, perdida bajo la influencia de tus dulces palabras, perdida en tu mirada.
Eras como una droga, supe entonces que esta necesidad estuvo aunque pasiva, latente en mí, desde siempre. Pero, no era lo mismo, y era estúpido aferrarse a algo que sólo es el resabio del pasado.
Me aparté… en mi huida alcanzé a ver que tú también corrías, pero justo a la dirección contraria.
Regresé, la calma era insufrible, en cierto modo. Pero era un camino nuevo en mi interior.
Las festividades ya habían terminado, tan sólo quedaba la soledad de las calles frías y áridas.

_sophie_
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Una respuesta a Qué es un muerto.

  1. juan eduardo dijo:

    Siempre me ha paresido que lo que escribes es real, no es la forma en lo que lo describes o la teoria de que todo lo que se escribe resulta ser en cierta medida autobiografico, es solo esa sensacion que me da el leerte, como si fuera tu otro yo el que escribiera, el otro yo, el que esta del lado del espejo o el que aparece en cuanto cierras los ojos y entras en otro cuerpo, que viviera en otro lugar no muy lejos de aqui y que fuera esa parte de ti que no todos creen que exista.

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