CONTROL.

Era sentir alivio, pude respirar profundo al fin. Miraba a mi alrededor y nada, nada era igual, la ventaja, pero no podía asegurar que fuera mejor ó peor, sólo era diferente. Las luces de los faroles delataban mi pequeña figura escurridiza, yendo de esquina en esquina tratando de decidir un buen lugar por donde huir, buscando una salida. No tenía nada conmigo y así estaba mejor porque no tenía ataduras, nada que me recordara nada… a menos que yo quisiera. No recuerdos dolorosos de quien me abandonó a pesar de todo, no responsabilidades con nadie más que conmigo (si quería), nada de lastres, nada de preocupaciones ajenas. El mundo era un basurero y yo era una basura más mecida por el viento a veces, a veces guiada sobre mis pasos a ninguna parte. A veces simplemente cansada y aburrida, esperando tirada en una esquina, esperando nada porque ya nadie podía levantarme, yo no lo quería. Y
estaba absolutamente segura de que no vivía cada momento, moría a cada momento y lo sentía tan claro, que podría ser descrito buscando las palabras adecuadas.Y ya no había Dios ni espiritualidad, mi templo era una gran montaña de desechos y mi Dios un montón de excusas y malos momentos, y ya no quería adorar a falsas deidades, no quería adorar porque nunca me habían llevado a nada y no pude sacarle jamás nada práctico al hecho.Caminaba, ya tambaleante medio vencida por el sueño, ¿habían pasado horas, meses, años, segundos? No lo sabía, parecía que me sentía así de bien desde mucho tiempo atrás, no quería recordar, ni mirar atrás. Qué hilos me movían, quién m mantenía con vida, quién me sostenía, quién planeaba mi vida ¿yo al fin? Si así es el control, lo adoraba. Por las mañanas era como una piedra lentamente iluminada por la luz del sol suave, parcialmente acariciada por un viento que me estremecía hasta los escalofríos; más tarde era una hoja caída de un árbol reposando sobre el pasto verde, parcialmente tocada por un sol rojizo y agonizante que se ocultaba herido tras el horizonte. Y ya en la noche, no era yo, era la sombra de algo si quería, era una ramera, era un pordiosero, era hombre o mujer, y era el cielo ó el infierno, por nombrar la sensación con alguna figura antagónica. Miraba las cosas ya diferente, el sentido no existía y la realidad se transformaba siempre,
adoptando formas grotescas, hechos horribles, música tenue, imágenes en flash que cegaban, nada que pudiera comprender. Una a una, mis ideas tan celosamente defendidas durante mi vida anterior cayeron, eran basura, eran palabras vacías, era defender una pila de mierda de las moscas voraces. Y me sentía ligera sin todo ese peso sobre mi conciencia y sobre mi alma, si es que aún tenía, si es que alguna vez tuve, si es que algo como tal existe. Respiraba tranquila, repito, y no quería que aquello terminara, y el tiempo corría ¿hacia atrás ó hacia adelante? Qué importaba ya, era un hecho que no podía regresar a donde comenzé, porque el ciclo aún no se cumplía, porque no lo necesitaba. Cómo se siente esto, déjame explicartelo en palabras sencillas: fan-tás-ti-co, in-cre-í-ble.
Podía gritar si quería, y podía sufrir también sin sentirme culpable. Podía reir y podía revolcarme de ansiedad en el piso sin prestar atención a las miradas escrutadoras, sin importarme su discurso, sin carga, sin necesidad de nada, sin nada. ¿Esto es el control?
Puede ser, espero, es verdad. No quisiera encontrarme con que despierto entre dolores que me hacen miserables, entre culpa, entre las miradas deformes de odio de las personas que amo y que alguna vez me amaron diciendo de lo deplorable que me encuentro, de lo repulsivamente desagradable que me encuentro, de lo falsos que son y fueron conmigo, encontrar que todo lo que creía es una realidad putrefacta y dolorosa que se siente en medio del pecho ó en ese lugar que no describimos y que tan sólo podemos sentir. ¿Y si estoy en una silla de ruedas con la espina rota y atenida a los cuidados de quienes esperan a cada momento que muera para continuar con sus vidas, y si soy una mujer anciana y temerosa de una realidad que me escala peligrosamente rápido, y si soy un animal indefenso ante las dos piernas de algún infeliz humando esperando cariño que nunca llegara porque no está en su naturaleza ser así, y si estoy frente a un escritorio recordando lo desdichada que soy con mi trabajo tan sólo
esperando que llegue la hora de la salida para prolongar aburrida mi sufrimiento en una casa húmeda y sola, y si estoy en medio de la cama esperando que él sienta un poco de respeto y empatía por mí, y si simplemente me puse a correr como un animal rabioso en medio de la noche sabiendo que no importa qué tan lejos me lleven mis piernas, mi cerebro encontrará él camino a la reflexión y a casa por la mañana, atada de nuevo a todo, otra vez sin salida? ¿Y si sólo soy un pretexto?
Me aprieto los ojos y agito la cabeza de un lado a otro, no hay solución, no quiero darme cuenta de la realidad, no quiero saber más de la yo verdadera y de mi vida de mierda, no quiero darme cuenta, quiero permancer aquí, no es un lugar tranquilo ni feliz ni lejos del sufrimiento y las maldiciones de la vida, pero es un lugar donde puedo estar sola, dónde no puedo hacer daño, donde no tengo que obligarme a sentir ni a llorar, donde no tengo que fingir. ¿Es así como se siente el control? Es mucho mejor que engañarme diciendo que el alcohol es el control, que las drogas es el control, que el sexo es el control, que una carrera universitaria es el control, que las resposabilidades es el control, que ser buena hija es el control, que olvidarte de tu propia vida para hacer feliz a alguien más es el control, que la empatía es el control, que la sociedad es el control, que la vida aquí y ahora es el control. Que las penas es el control. Que el dolor es el control. Qué el dejar de comer es el control. Que manipular la belleza natural es el control. Nada es el control. El control es la muerte. Y hasta entonces.
_Sophie_
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